Por Carlos Gutiérrez P.

La coalición de Israel y Estados Unidos definitivamente se decantó por iniciar una nueva guerra contra Irán, y de esa forma acabar con el obstáculo iraní para el proyecto expansionista del sionismo en la región y de paso para Estados Unidos hacerse de otra fuente fundamental de petróleo y continuar con el asedio a la economía china.
Sobre la legalidad de este ataque iniciado el 28 de febrero ya no vale mucho la pena hacer demasiadas referencias, puesto que el derecho internacional y el derecho internacional humanitario ya fueron sobrepasados hace bastante tiempo, y sigue siendo acomodaticio a los intereses del hegemón estadounidense y sus aliados de la OTAN. Por supuesto, para efectos de la diplomacia sigue siendo importante que los estados reclamen, denuncien y exijan un comportamiento basado en los postulados de Naciones Unidas. Pero ya sabemos con demasía el nulo efecto que tiene en los agresores. Queda para el registro histórico.
De igual manera se hace un ejercicio baladí, excepto para los medios de comunicación oficiales, seguir la pista y creer en las razones que esgrimen Israel y Estados Unidos para el inicio de su guerra. Desde la ya desgastada invocación por llevarles democracia a pueblos avasallados, derechos para gentes maltratadas, hasta el poder garantizarnos la seguridad mundial amenazada por una teocracia oriental.
Por lo tanto, lo que queda es centrarnos en los efectos que tendrá este conflicto en los distintos campos de acción, la naturaleza de esta guerra y los dilemas estratégicos que abre, que seguramente seguirán siendo temas de debate por mucho tiempo.
La naturaleza de la guerra
Para Clausewitz, tener claridad sobre la naturaleza de la guerra que se iba a asumir era condición primordial para la obtención del triunfo. Aquí parece estar el gran fallo de la guerra iniciada por la coalición de Israel-USA, que tiene su basamento en una comprensión estratégico-cultural equivocada de su oponente, que se construyó a partir del ensimismamiento estratégico de los países de la coalición que los llevó a una sobrevaloración de sus capacidades y adversus una desvalorización del otro, de un supremacismo cultural-religioso y del apego a una política neocolonial. Como dijeron los propios iraníes, los errores de cálculo de los socios en la agresión a Irán se remitieron a: creer que con el asesinato del líder religioso Jamenei, el país colapsaría en 48 horas; habían previsto una guerra de duración de tres días y no hay plan B; y esperaban que se formara una coalición regional e internacional contra Irán. Todos los cálculos fallaron.
A partir de ahí, lo que se ha visto es una confusión estratégica, llena de declaraciones contradictorias entre ambos socios de la coalición, y al interior del gobierno de la Casa Blanca entre Trump y sus líderes de los departamentos de Estado, de Guerra y agencias de inteligencia. No había un plan B, y se tiene que construir sobre la marcha de la guerra, hasta ahora compleja y siempre difícil de hacer, diseñando nuevos escenarios, objetivos, sujetos, fuerza militar, logística, tiempo.
El atolondramiento continúa, porque se publicitan distintas orientaciones: desde los tres días iniciales que duraría la guerra, se pasó a cuatro semanas y ya va en varios meses; que liberarán el cerco de Ormuz con naves de guerra, que después desmienten; que salen a la luz pública documentos que señalan los peligros de una guerra larga; que se prepara una operación terrestre, al principio con grupos étnicos aliados, luego que no, que será con fuerza propia, más tarde que se realizará, pero solo como una operación quirúrgica; que seguirán asesinando a los líderes religiosos y militares, después de reconocer que fue un error eliminar a toda una línea de dirigentes; que buscan nuevos socios de la coalición desesperadamente como los turcos y los azerbaiyanos; etc. Mucha declaración, pero continúa la niebla de guerra en el ámbito estratégico.
Campo de acción económico
El mayor peligro de esta guerra radica en los efectos en la economía regional, y sus impactos a escala global, atendiendo que la región es una de las principales exportadoras de energía (petróleo, gas, y GNL). Fuera de la exportación de estas materias vitales, las monarquías árabes del golfo también tienen una base muy desarrollada en el campo del turismo, como nodo de comunicación aérea, inversiones inmobiliarias, sedes de eventos deportivos y centros financieros importantes. Todo está paralizado por la guerra y probablemente lleve tiempo retomar el nivel, los estándares y la seguridad de la región, más allá del propio término del conflicto. Seguramente se congelarán varios proyectos de inversión pensados para realizar en el propio Estados Unidos debido a sus pérdidas, a la necesaria reposición de sus stocks de armas, a la reconstrucción de su infraestructura, a evitar la huida de recursos humanos, y recomponer la confianza de los extranjeros.
Por ahora el nudo complejo está en el cierre del estrecho de Ormuz (ya sea por acción u omisión), pero la problemática puede ser mucho mayor si se atacan objetivos claves de la economía, como son los petroleros, sectores de inversiones claves, activos económicos e intereses estratégicos.
Por ahora el nudo complejo está en el cierre del estrecho de Ormuz (ya sea por acción u omisión), pero la problemática puede ser mucho mayor si se atacan objetivos claves de la economía, como son los petroleros, sectores de inversiones claves, activos económicos e intereses estratégicos.
A escala global, los efectos inmediatos se han sentido especialmente en Europa y Estados Unidos, con el alza en los precios de los combustibles, particularmente el petróleo, además del gas y el GNL. En el caso de Europa, prolonga su agonía desde el momento en que se fue alejando de la provisión que entregaba Rusia, pagando precios más altos, y estrechando el mercado de oferta.
Un alza relevante en los precios de los combustibles tiene un efecto masivo sobre toda la actividad económica de una nación, y también a escala global. En este caso hay una relación directamente proporcional entre la extensión del conflicto y el aumento del costo de la vida en la población, que se reflejará en las tasas de inflación. Ya se habla de la baja en las expectativas de crecimiento de todas las economías.
Otros efectos se han sentido en el aumento del valor de metales preciosos, especialmente el oro, que está operando como respaldo material del dinero, así como en la pérdida de valor del dólar. Aquí también pesa otra variable importante para el caso de Estados Unidos, teniendo en cuenta el enorme costo diario que le está significando la guerra, y que toda prolongación hace aún más sensible la preocupación por su nivel de endeudamiento y el riesgo que asumen los estados poseedores de los bonos de tesoro estadounidense, que cada vez se sienten más incómodos. El presidente Trump ya ha enviado al Congreso una solicitud de aumento en 50.000 millones de dólares para el presupuesto militar en forma urgente. Según el portal iran-cost-ticker.com el costo diario de la guerra para la Casa Blanca está llegando a ser de 1.000 millones de dólares diarios (solo costos de operación).
Como todo conflicto también tiene sus ganadores, y entre ellos están las industrias bélicas de todos los países, las grandes empresas petroleras y productores de gas, así como la minería de metales preciosos, especialmente el oro, y del cobre. En esta dirección, el control económico que actualmente la Casa Blanca tiene sobre Venezuela le está permitiendo réditos importantes, justamente en el petróleo y el oro.
Campo de acción político-diplomático
La mayoría de países que aún sostienen una política exterior soberana han condenado esta guerra, culpando directamente a Israel y Estados Unidos de violar el derecho internacional. La Misión Internacional Independiente de Investigación sobre la República Islámica de Irán, establecida por Naciones Unidas reconoció que los ataques de la coalición contra Irán violaron la Carta del organismo mundial.
En el caso de los principales países europeos, como ha sido su tónica de los últimos años, no solo se encuentran divididos, sino que expresan su opinión de forma retorcida para no agravar su dependencia de Estados Unidos. Parten condenando a Irán por su política de armamento nuclear, el que nunca ha sido demostrado, para continuar afirmando que no participarán del conflicto, pero facilitan sus medios e infraestructura para los ataques de la coalición israelí-estadounidense. No han condenado explícitamente la agresión, con la excepción de España. Y, es más, el secretario general de la OTAN ha expresado que la alianza tiene intereses objetivos en la región, consistente en derrotar a Irán.
El carácter ilegal y brutal de la guerra contra Irán también está movilizando paulatinamente a grupos sociales, en la medida que se transparentan las noticias de la brutalidad de los ataques al estado y la nación iraní. Según la empresa Ipsos, en una encuesta del 2 de marzo, solo el 27 % de los estadounidenses aprobaban los ataques militares de la coalición Israel-USA; varios políticos demócratas han alzado fuertemente su voz, e incluso algunos connotados miembros del equipo MAGA. También se han realizado movilizaciones de apoyo a Irán por parte de grupos chiitas en países próximos, particularmente en Irak y Baréin con mucha fuerza, lo que presiona a los respectivos gobiernos.
Según la empresa Ipsos, en una encuesta del 2 de marzo, solo el 27 % de los estadounidenses aprobaban los ataques militares de la coalición Israel-USA; varios políticos demócratas han alzado fuertemente su voz, e incluso algunos connotados miembros del equipo MAGA.
Campo de acción militar
El desarrollo de la táctica militar iraní ha sido una sorpresa para la coalición Israel-USA, ya que la suya no cumplió sus objetivos estratégicos; en cambio el desempeño táctico de Irán va acorde a sus diseño estratégico, que además ya había sido anunciado. Se ha concentrado en los ataques a la infraestructura militar estadounidense en la región, a destruir sus capacidades de inteligencia y equipos de alta tecnología, a alejar sus plataformas navales del área crítica, y golpear objetivos estratégicos en territorio israelí. Todo esto demostrando las insuficiencias y vulnerabilidad de la protección aérea, tanto de Israel como de sus socios monárquicos, así como de las capacidades logísticas para mantener una guerra de alta intensidad y prolongada en el tiempo.
Las pérdidas principales de Estados Unidos no son de material de consumo (aunque están entrando en una crisis de stock de municiones), sino de equipos de alta tecnología, que son muy costosos y lentos de producir. Se han destruido cuatro aviones F-15; fue destruido el cuartel general de la V Flota de la armada y la base de Arifjan en Kuwait; se atacó la oficina de la CIA en Dubai; se anularon dos barcos de apoyo a la fuerza en Baréin; se han atacado 27 bases e instalaciones militares; el portaaviones USS Lincoln y su grupo de tareas se retiró hacia el océano Índico.
El mayor daño lo constituyen la pérdida de los radares de alta complejidad ubicados en Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Baréin y Jordania por un valor aproximado de 5.000 millones de dólares, además de la complejidad de sus reemplazos, y su ausencia en las alertas tempranas de ataques misilísticos, así como en el guiado de los misiles de interceptación.
Irán entendió muy bien cómo llevar adelante una guerra asimétrica, encontrar las debilidades de la coalición, asumir una guerra de desgaste, con una visión de totalidad sistémica, a diferencia de sus agresores, que solo se concentraron en la lógica de la batalla. Efectivamente, como toda posibilidad, Irán puede perder la guerra y siempre esa ha sido la hipótesis más factible, pero está dejando una experiencia muy rica en el campo de la teoría y doctrina militar, así como demostrando una resistencia y convicción épica.
Hoy día, todos los actores que se oponen al mundo unipolar de Estados Unidos, están siguiendo muy de cerca este conflicto, porque está demostrando las capacidades reales del hegemón y desnudando los vacíos y errores de su doctrina militar.
Una vez más, los actuales conflictos bélicos están sacando a relucir las capacidades industriales de los estados involucrados, y, de paso, poniendo en tensión la realidad de estructuras económicas basadas en la producción material frente a las construidas sobre los servicios y los mercados financieros.
Estados Unidos ha entrado en una crisis de su industria armamentística, a pesar de ser el mayor productor de armas del mundo, y hemos visto el apresuramiento estatal para alinear a su industria bélica en una producción dirigida y acelerada. Es la crisis del arsenal vacío.
A medida que avanza el conflicto las exigencias militares críticas para el éxito recaen sobre la coalición, ya que está demostrado que solo con ataques aéreos no se avizora el cumplimiento del objetivo político; en cambio para Irán se trata de resistir y seguir asestando golpes específicos. Además, a Irán todavía le queda un recurso importante, que es ampliar la actividad militar con la entrada de los rebeldes hutíes de Yemen, que tienen el control del Mar Rojo, otro nudo de tránsito sensible, y sopesar el efecto que tendrá en el mundo musulmán el llamado del líder espiritual irakí Al-Sistani a una yihad para defender a Irán.
El elemento más sorpresivo de esta guerra para los analistas occidentales (y particularmente estadounidenses) ha sido la resilencia del estado-nación iraní ante la agresión cometida por la principal potencia militar del mundo, junto a su icónico aliado israelí considerado también una potencia militar regional y pionero en innovaciones en sistemas de armas.
El elemento más sorpresivo de esta guerra para los analistas occidentales (y particularmente estadounidenses) ha sido la resilencia del estado-nación iraní ante la agresión cometida por la principal potencia militar del mundo, junto a su icónico aliado israelí considerado también una potencia militar regional y pionero en innovaciones en sistemas de armas. A esta coalición se suman todos los estados monárquicos árabes del Golfo, e incluso con el soporte de los estados europeos de Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia.
El estado iraní, hasta ahora solo apoyado por las milicias de Hezbollá, y grupos chiitas de Irak, se enfrenta a cuatro países con armamento nuclear, y cinco países del Golfo con enormes presupuestos militares que han invertido en los más modernos sistemas de armas aéreas, coheteriles y misilísticas.
La iniciativa militar más destructiva la tiene Israel, que ha llevado a tener diferencias abiertas con el mando militar de Estados Unidos. Israel está siendo para Estados Unidos lo que es Ucrania para Europa, un sujeto peligroso desatado, sin horizonte estratégico y jugando a la suma cero.
Los dilemas estratégicos
- El principal de ellos es sobre la modalidad militar que la coalición israelí-estadounidense buscará llevar a efecto para garantizar su victoria, que en su decisión más profunda consiste en la derrota definitiva del régimen político iraní. La implementada en el inicio de la guerra no cumplió su objetivo, y por lo tanto están obligados a pasar de una operación fulminante a una operación de más largo plazo, pero que tendrá que tener características cualitativas superiores si quieren alcanzar su objetivo político.
El dilema es entonces subir la escalada, los grados de violencia y el tipo de objetivos para ser atacados, lo que llevaría a una operación de devastación (al estilo de Gaza), con todas las consecuencias políticas, militares, morales y de la propia eficiencia del resultado.
La otra posibilidad, que puede ser simultánea a la anterior, es planificar una operación terrestre (la que no estuvo en el planteamiento original), con toda la incertidumbre que esta genera, tanto por las capacidades militares y logísticas reales de llevarla a efecto, como por el resultado, teniendo en cuenta las amargas experiencias históricas de Estados Unidos, así como la falta de experiencia de Israel en un enfrentamiento terrestre con fuerzas simétricas.
El escenario más catastrófico, y que dependerá muchísimo del posible daño a Israel, es la opción nuclear, lo que definitivamente sería otro estadio en la situación mundial.
- El tipo de respuesta militar de Irán, que hasta ahora ha sido un ejemplo de claridad estratégica y eficiencia táctica, pero controlada y proporcional. En el caso de una escalada muy violenta por parte de la coalición, se le plantea un dilema existencial al estado iraní, por lo tanto podría entrar en un espiral de juego total, con la consiguiente crisis en un nivel superior y con mayor repercusión global.
La jugada de Irán es bien sensible, porque tiene en sus manos administrar el conflicto entre una respuesta adecuada a la actual situación que demuestre sus capacidades militares y convicción política, y una escalada sin vuelta que impida abrirse a un momento de negociación, a la cual llegaría en muchísima mejor condición que antes de la guerra.
La jugada de Irán es bien sensible, porque tiene en sus manos administrar el conflicto entre una respuesta adecuada a la actual situación que demuestre sus capacidades militares y convicción política, y una escalada sin vuelta que impida abrirse a un momento de negociación, a la cual llegaría en muchísima mejor condición que antes de la guerra.
- El papel que jugarán Rusia y China, que hasta ahora han tenido tajantes declaraciones sobre la ilegalidad de la guerra, la urgencia por un alto el fuego, y el respeto a la soberanía de Irán. Es probable que su apoyo al esfuerzo bélico de Irán esté dado en el campo de la información de inteligencia, como ha sido expresado en medios de comunicación estadounidenses, y en la propia solicitud que el gobierno de Trump ha realizado a que Rusia se abstenga de este tipo de acciones. En la medida que el conflicto se alargue y se profundice creará un nuevo dilema estratégico para ambos estados, teniendo en cuenta los efectos negativos que una derrota catastrófica de Irán pudiera afectar a sus propios objetivos políticos. La continuación del desorden internacional y el acoso a ambas potencias que genera Estados Unidos también tiene sus límites, y cada vez se está más cerca de aquellos.
De todas formas, es Rusia quien ostenta las mejores condiciones para ser un buen mediador y lograr un resultado equilibrado, que pudiera trasladar a negociaciones más generales sobre la actual situación mundial.
- La situación de la UE-OTAN, que, en su desorientación estratégica, esta guerra la sitúa en una nueva coyuntura crítica y paradójica, porque sigue oscilando entre el vasallaje y la autonomía frente a Estados Unidos, por lo tanto, ahora no sabe si sumarse plácidamente a la coalición de Israel-USA o mantener una distancia crítica y demostrarle a Trump que todavía son necesarios. Sufrirán más que nadie de los efectos económicos de la guerra, y tendrán que volver sobre sus pasos en varias decisiones que le han significado costosas heridas autoinfringidas.
- La ampliación del conflicto hacia otra zona históricamente crítica, como es la región del Cáucaso, con el involucramiento de Azerbaiyán. Esto tensionará las relaciones con el resto de países del entorno, con el vital Mar Caspio, y los otros países fronterizos. Todos estos estados pertenecen a distintas instancias de asociación multilateral que podrían verse involucradas y/o afectadas entre sus miembros. Por ejemplo, Azerbaiyán es miembro de la organización CEI (Comunidad de Estados Independientes, ex miembros de la Unión Soviética) y enemigo histórico de su vecino Armenia; Irán es parte de los BRICS+ y de la OCS (Organización de Cooperación de Shangai). La red de relaciones de amistad y enemistad es muy profusa y densa, y puede tener efectos sensibles sobre estas instancias de cooperación.
Esta guerra lleva poco más de una semana, y las proyecciones son bastantes inciertas, además que paulatinamente se van abriendo nuevos frentes de conflicto, ampliando los efectos y con una escalada que hace presumible la afectación de muchos intereses transversales y a lo ancho del mundo.
Quedan inquietantes preguntas abiertas. ¿Con qué noción de victoria se conformaría Estados Unidos e Israel, teniendo en cuenta la enorme inversión económica y retórica que han realizado? Si el apetito imperial de Trump no se satisface del todo ante una victoria paupérrima y en corto plazo, ¿puede ir tras la búsqueda de un nuevo éxito en el hemisferio, y por lo tanto el peligro se cierne sobre Cuba?
Por ahora, se presenta una nueva oportunidad para el despliegue de una demanda global por la paz, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, anti-imperialista y anticolonial, banderas históricas de los movimientos populares y de los países del tercer mundo, hoy día encarnados en el Sur Global. De nuevo, es una cuestión de supervivencia civilizatoria.
Por Carlos Gutiérrez P.
Carta Geopolítica 83 – 10/03/2026
Las expresiones emitidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.
Sigue leyendo: